
Hace poco me propuso una compañera que escribiera un entrada sobre cómo sería mi mundo perfecto.Y puestos a imaginar y, sin saber exactamente si referirme al Mundo Ideal, sin hambre y sin guerra al que se refieren las misses antes de ser elegidas o al que canta Aladín, me centraré en el mio propio, en mi mundo en minúsculas.
Si pudiera imaginar un mundo perfecto ¿cúal sería?
Si a todos nos dieran una varita mágica para dar forma a los sueños ¿que crearíais?
Al pensar en mi mundo ideal la imaginación se traslada inevitablemente hacia la idea de la felicidad. Un mundo perfecto sería un mundo feliz o viceversa ¿no es así?
Pues bien, el primer pensamiento que me llega al plantearme “mi universo utópico” esta relacionado con lo material. Todos queremos una casa a la orilla del mar, un Ferrari en la puerta, un barco en el puerto, un sinfín de paises recorridos, ser ricos o tener una cuenta corriente con los suficientes ceros como para no tener que preocuparnos del dinero...¿Pero acaso es eso la felicidad? Sospecho que hay personas muy infelices teniendo mucho más que eso.
Y no es que pretenda hacer ahora un ensayo sobre la felicidad pero supongo que es algo más subjetivo que objetivo, un estado de ánimo, una actitud ante la vida o algo parecido. Pero ¿no sería más apropiado hablar de “estar feliz” que de “ser feliz”?. Aunque no le falta razón a alguien como Woddy Allen cuando dice: “El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia”
La felicidad absoluta se sabe que es quimérica. Nadie puede tener una vida perfecta en un mundo imperfecto, a pesar de que algún anuncio se empeñe en demostrar lo contrario. Basta salir de uno mismo para llegar a la conclusión de que es imposible ser completamente feliz a no ser que te tapes los ojos y los oidos para no ver ni oir el mundo (ahora en mayúsculas) que nos rodea. Además, en un plano individual, debe ser bastante aburrido ser absolutamente feliz; no tener de que quejarte y no poder ponerte metas a alcanzar porque la felicidad total supongo que consiste en eso, en tener todos los sueños cumplidos. Lo que si tengo claro es que si me dieran la varita magica de la que hablaba antes no cumpliría de un golpe todos mis sueños. Siempre me guardaría alguno para realizarlo después porque sin sueños, sin ilusiones, no se puede vivir.
Tendremos que conformarnos con la felicidad pasajera e inestable. La felicidad relativa frente a la absoluta. La relación entre ambas es parecida a la que tiene lugar entre las eximentes de anomalía o alteración psíquica y el trastorno mental transitorio: ambos tienen la misma intensidad pero les distingue la permanencia.
Dice una canción “la felicidad son momentos de descuido, tres momentos arrancados al olvido, un instante que saluda y ya se ha ido”. Y esos momentos de descuidos como brisas que te acarician la cara se encuentran en cualquier lugar: entre amigos mientras tomas unas cervezas, viajando o sin viajar, en una mansión o en una casa de madera. Incluso al salir del preparador después de haber cantado en condiciones. Es una felicidad que se manifiesta de dentro afuera...como la accesión discreta ¿no?
Por eso mi mundo perfecto sería aquel que me permitiera vivir una vida saludable, con más días claros que nublados, sin prisas ni demasiados ruidos; aquel en el que pudiera ir consiguiendo los objetivos que me propusiera. Un mundo en el que esa brisa feliz empujase las nubes de los días atormentados.