lunes, 21 de diciembre de 2009

EL CAFÉ DEL PESCADOR



Hay por aquí un restaurante chipriota en el que te leen los posos del café. Lectura express eso sí, porque no te da tiempo a descifrar la metáfora del adivinador cuando éste ya tiene en su videncia el futuro de otro comensal. El ritual es sencillo. Bebes el café, le das la vuelta e impones tus manos sobre la taza invertida durante cinco minutos y...voilà. Los grumos del café han dibujado en la taza tu destino. Luego el lector de posos te revela el futuro de forma más o menos inteligible.
El caso es que, después de recomendarme (bajo apercibimiento de accidente mortal) que no me montara en un coche nuevo en un plazo de tres meses y quedarse tan pancho, sin darme otras opciones para salvar mi vida, me dijo algo que compensó mi posible muerte inmediata: “tu eres pescador” me soltó. Obnubilado por el poder de la revelación estuve a punto de creerme que de verdad lo era. Pero en ese momento recobré la poca cordura que a este pescador le queda y entendí que igual no lo vio claro y quiso decir opositor. Ya sabéis como es esto de la videncia...no siempre se ve el futuro tan cristalino en un primer trance...
Pero no, había dicho pescador. Es entonces cuando, al ver mi cara de “¿podría desarrollarme la idea?”, me explicó que tenía la paciencia del pescador que lleva mucho tiempo con la caña lanzada esperando pescar el pez que quería. No cualquier pez sino ese que daba sentido a la espera. Lo verdaderamente positivo de la visión cafetera era que este año el mar colmaría mis expectativas y me regalaría el ansiado pececito del demonio. Supongo que bajo condición de que no me montara en un coche nuevo en el plazo de tres meses. No le dí un abrazo de teletubbi al adivino en ese momento porque me pillaba lejos. Ganas no me faltaron.
Y será este tiempo cambiante de diciembre que invita a enredarse en creencias irracionales o este espíritu navideño de escaparate que regala felicidad previo pago o estas ganas de todo menos de colocarme delante de un libro que no entiende ni de tiempo ni de navidad ni de ganas. O quizá que pinocho corazón de madera no debió ir al pescar al rio Guadalquivir, o que éste pájaro de vuelos cerrados, deslumbrado por las luces de navidad, se golpea contra el escaparate de cosas por cumplir...pero hoy tengo un día tonto de esos en los que me creo todo lo que me quieran predecir.
Será por esto y por mucho más o por todo lo contrario pero hoy lo que digan los posos del café va a misa. Bueno, los posos del café y las galletitas de la suerte del facebook.
Esas...esas si que no tengo dudas de que aciertan.
P.D: La imagen está basada en hechos reales. Incluso diría que se ve el pez... :)

lunes, 14 de diciembre de 2009

oposigame, arrasará en navidades en grandes comercios

pinchar encima para ver mejor

  • La oposición es un juego, en el que no se sabe si se va a ganar o no.
  • La oposicion es como los contratos aleatorios, en parte, que depende del azar el que se cumpla o no.
  • La oposición en ocasiones necesita mas de una partida, o de alguna vida extra.
  • la oposición, a veces te da impulso que necesitas cuando pasas de nivel.
  • la oposición en ocasiones necesita ser relativizada, porque la vida no empieza ni acaba con ella, tan solo te la cambia.
  • la oposición...

viernes, 27 de noviembre de 2009

LUCES DE NEÓN



En el infierno Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada. Pero cuando llegaba a la cima de la colina la piedra siempre volvía a rodar hacia abajo, teniendo que volver a empezar nuevamente desde un principio. El pobre Sísifo fue condenado etérnamente a empujar esa piedra cuesta arriba, sólo para tener que ver cómo ante sus ojos la piedra siempre volvía a caer.
Y no alcanzan las crónicas a explicar las causas de tan irónico castigo. Poco importa eso ahora si estaba condenado de por vida a vivir en círculos de esfuerzo y fracaso a partes iguales. Quién sabe si nadie le obligó a estar ahí. Quién sabe qué hacer cuando se confunden juez y parte de una misma condena.
De vez en cuando Sísifo se rebelaba contra los dioses castigadores, daba una patada a la piedra y se sentaba en la cumbre de la colina a contemplar el paisaje de un mundo encendido con luces de neón que le ofrecía la posibilidad de escapar del yugo que le esclavizaba a la montaña. Extendía sus alas imaginarias y se dejaba llevar por el movimiento aleatorio azul del viento. Sólo quería volar y escapar lejos. No importaba dónde.
Y alguna vez bajaba al país de los libres para volver a parecer uno de ellos. Mojaba los pies en el agua de lo cotidiano y volvía a sentir eso que a ciertas alturas no dejaba de ser sorprendente. Y si alguna mortal le pedía que se mudara a vivir a la tierra él sólo deseaba que no se lo volviera a preguntar por si la próxima vez no sabía decir que no. Hacía mucho tiempo que se había prohibido hacer promesas.
Pero antes de que la carroza se convirtiera en calabaza emprendía viaje de vuelta a la colina preso de un caos de pensamientos contradictorios que sólo parecía tener atados cuando se alejaba del mundo. Regresaba así a su guarida de tierra y sudor ubicada entre ninguna parte y la esperanza convenciéndose de que debía abandonar una tierra que aún no le pertenecía mientras esquivaba de su mente fantasmas de idiotez y cobardía para sustituirlos por certezas de esperanza y corrección. Hacía mucho tiempo también que se había cansado de hacer lo correcto.
Al otro lado de la vida Sísifo volvía a empujar la piedra cuesta arriba inquietado por la posibilidad de encontrar alguna forma de librarse de la condena y descender para siempre a las faldas de la montaña. Y alguna noche sentado en la cumbre de la colina mientras contemplaba el universo iluminado se sorprendió a sí mismo al preguntarse si quizá el tiempo le había hecho acostumbrarse a la condena. Quizá subir la piedra era la única libertad real que le quedaba entre tanta frustración. Y aunque probablemente para cuándo se hizo la pregunta ya sabía la respuesta, rápidamente se obligaba a cambiar de parecer y a rebelarse contra su propia desilusión.
Había caído en la cuenta de que el espejismo de creer que es posible materializar sueños es lo único que nos impide abandonarnos al desaliento cuando sólo te queda una piedra y las ganas de desplegar las alas.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Pon pon pon! la SGAE llama tb tres veces


cualquier día la SGAE nos cobra:
  • por llevar la música alta en el coche, haciendo que los peatones, la escuchen mientras cruzan por los pasos de cebra,
  • por ir cantando por la calle mientras tenemos puesto el mp3, balbuceando siquiera palabrillas sin sentido, hasta las versiones en inglés.
  • por cantar cumpleaños en los días especiales.
  • por celebrar los éxitos cantando cualquier barbaridad.
  • por cantar una nana a nuestros peques,
  • por cantarle al oído a nuestra pareja la canción que nos gusta o con la que nos conocimos,
  • por cantar bajo la ducha, en cualquier momento de esparcimiento,

así que os recomiendo que os dediquéis a crear vuestros propios singles, para evitar,... situaciones altamente estúpidas.

(la imagen es una mera ilustración de lo que queria contar, Viena, me serviste para ilustrarla porque copie tu estilo, pero lo mío quedo "muy casero")

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Hay dias...

Hay días en los que no entiendo nada o casi nada. Días en que no me reconozco y me veo desde afuera, como el espíritu ascendente que contempla al cuerpo que se queda. Ese no soy yo o al menos eso no es lo que quiero ser. Y así me veo caminando en círculos alrededor de un mismo punto. Y entonces tomo conciencia de que esta noria opositora me está empezando a marear. Ahora para arriba, ahora para abajo. Ahora vuelta a empezar. Yo no pagué billete para un trayecto tan largo.
Esos días me aburro de soñar, me canso de poner tiritas al pasado y si la noria llegara más alto daría un salto y me cambiaría de planeta. Esos días me harto de sonreír sólo de medio lado y de despedir trenes en el andén de la estación. Me canso de cambiar gritos de alegría por suspiros de esperanza, de perdonar la torpeza de volver a resbalar, de mezclar libros con café, de dar golpes de ciego a la piñata de la suerte, de regatear al destino, de conjugar en futuro la mayoría de los verbos, de dejar para mañana lo que no puedo hacer hoy. De no encontrar en lo que pienso lo que un día tuve tan claro.
Pero también hay días, como hoy, en que me prohíbo venirme abajo. Días en los que rechazo cambios de planeta, disfruto del paisaje que se divisa desde el punto más alto de la noria, recargo la batería hasta encenderse la luz verde y me armo de ganas para seguir el camino que ahora parece estár más soleado. Días en que descuelgo el letrero de “cerrado por derribo”, me bato en duelo con la mala suerte y me convenzo de que un “quizá” también puede ser un sí. Días en que saco un billete solo de ida hacia la Tierra de Oz que ahora sólo queda a una estación. Días en que siempre descubro sueños por abrir. Días en que encuentro en la memoria el péndulo del zahorí.

miércoles, 21 de octubre de 2009

¿Lo echamos a suerte?

Constantemente hablamos de la buena o de la mala suerte, tenemos número de la suerte, deseamos suerte, tentamos a la suerte, confiamos en la suerte, nos abandonamos a nuestra suerte, maldecimos o bendecimos la mala o buena suerte...

Algunos definen la suerte como un encadenamiento de sucesos considerados fortuitos o casuales. Otros hablan de circunstancia favorable o adversa, azar, estado o condición. Combinación de hechos favorables o desfavorables que no se pueden prever ni evitar. (como el caso fortuito o la fuerza mayor). Aquello que le ocurrirá a alguien en el futuro.

Pero todas las definiciones confluyen en la inseguridad, en ese principio de incertidumbre del que ya hablé hace ya no sé cuántas entradas.
Y es que la suerte tiene mucho de aleatorio, de desconocido. Es como el futuro, que solo lo conoces cuando ya ha pasado. Cuando casi siempre es demasiado tarde. Cuando ya no hay vuelta atrás...

Puedes o no confiar en él pero en el fondo casi siempre esperamos que el azar termine poniendo la guinda al pastel que nos estemos comiendo...por muy seguro que tengamos un resultado.

Pero también a veces pienso que la suerte es un placebo. Como cuando creemos que lo que ha pasado o dejado de pasar es culpa u obra de quién sabe qué o de una zancadilla del destino. Se convierte la suerte entonces en una excusa; en una forma de rehuir responsabilidades. La excusa de un fracaso. Siempre estará la suerte para culparla de todos los males ¿no?..y convertirla en la causa de lo que no salió como se esperaba.

¿Y que ocurre cuando todo esto se traslada a la oposición? No pretendo tampoco llegar a ninguna conclusión porque probablemente no la haya y además dejaría en evidencia mi tendencia a contradecirme. Pero en el papel de abogado del diablo se me ocurren algunas cosas.

Vale que te puedas estudiar la mitad del temario y aprobar. Vale que cuando busques “suerte del principiante” en el diccionario salga la foto de otros y nunca la nuestra. Vale que saques la bola del tema que llevas más de un mes sin repasar. Vale que el tribunal este constituido por la flor y nata de la mala leche judicial. Vale que te pueda caer un rayo justo antes de entrar al Tribunal Supremo. Vale que...

Pero prefiero confiar en que esos casos son las excepciones de las reglas generales. Y lo dice uno que probablemente sólo se haya librado del rayo y otros acontecimentos meteorológicos similares, en lo que a la mala suerte de refiere a la hora de pasar por el T.S.

Aún así, como también dicen que una actitud positiva atrae la buena suerte y una actitud negativa la repele y que probablemente seamos nosotros mismos los responsables de nuestra suerte, será mejor seguir pensando que la suerte favorece a la gente preparada y que la mala suerte, que para otros siempre caduca a partir de Mayo, también terminará extinguiéndose para muchos de nosotros a partir de esa fecha. A ver si así en la próxima visita al Tribunal Supremo me brotan en el camino tréboles de cuatro hojas.

viernes, 16 de octubre de 2009

es que a veces se me olvida



duermo, no descanso, me despierto, sueño despierta y se me escapa el tiempo, pienso qué me hace seguir, pienso que lo mismo se acaba pronto o lo mismo hay que esperar,... y me desespero, me reactivo, pienso: no malgastemos esta oportunidad, joder, media hora menos, bueno ¡reajuste!, leo, me pierdo, me encuentro, me enfado, me enfado y pienso... tengo que ajustar cuentas con mi vida, a ver si de este año* no pasa,...

*año: en sentido ficticio, el año del opositor, dura lo que la vigencia personal de la convocatoria, atender al caso personal concreto.




imágen sacada de aqui http://www.anamariadominguez.es/Abstracto.htm